Jueves 27 de Julio del 2017
Santo Domingo, República Dominicana

Frank Núñez

Jóvenes dominicanos y el trauma del curriculum vitae
“Si te piden que lleves Curriculum Vitae es porque no te van a dar trabajo”, es la expresión que escucho a diario en boca de jóvenes decepcionados que han hecho lo indecible por colocarse sin éxito en el mercado laboral. Y lo dicen después que han drenado los exhaustos bolsillos de sus padres en la conformación de la hoja de vida, tras la inversión fundamental de la carrera universitaria en uno de los tantos centros de estudios superiores que funcionan en nuestro país.
Pienso que los empleadores dominicanos, tantos del sector público como el privado, debieran tomar en cuenta los sacrificios que hace una familia modesta para educar a los hijos hasta llevarlos a la obtención de un título acadmémico, para que luego continúen en un gasto estéril con las millares de tiradas diarias de esos expedientes para que luego vayan a dormir el sueño eterno en los archivos de empresas e intituciones que más tarde habrán de terminar en cualquier vertedero.
Hubo una etapa en que se pedían las “hojas de vida” cuando ya el joven aspirante había demostrado en la práctica tener condiciones para el puesto vacante, solamente para llenar las formalidades establecidas en el Código Laboral. Pero la situación ha venido a convertirse en una forma diplomática de “salir del paso”, sin tomar en cuenta el daño económico, moral y emocional que se está llevando al joven y su  entorno familiar.
Súmele Usted fotografía de frente y perfil, copia de Cédula de Identidad y Electoral, copia de título universitario, Acta de Nacimiento original, Papel de Buena Conducta de la Policía, Acta de No Delincuencia de la Fiscalía y Análisis Médicos, junto a los gastos de transporte para hacer todas esas gestiones y llegar a las citas. Estamos hablando de varios miles de pesos, tres y quizás cuatro,  por los cuales nadie responde.
Dos o tres décadas atrás, los jóvenes viviamos en una sociedad más atrasada que la de hoy, pero no vivimos el trauma del curriculum vitae. Casi siempre se accedía a las empresas y las instituciones por recomendación de un amigo o vecino que sabía de nuestras condiciones, se nos probaba para ver “dábamos la talla” y luego nos pedían el número de cédula para el nombramiento.
En una época como la que vivimos, que se habla tanto del auge de la violencia y la delincuencia, de que una parte importante de nuestra juventud anda por malos pasos, perdida en drogas, prostitución, embarazos a destiempo y holgazanería, una manera de hundir más esa generación en el desencanto y la frustación es la nueva práctica de hacerla invertir lo que no tienen en un curriculum vitae que luego va a parar a los zafacones.
Hago un llamado a los ministerios de Trabajo y la Juventud para que trabajen en combinación de manera que la entidad que solicite inutilmente un curriculum vitae a un joven deseoso y necesitado de insertarse en el mercado laboral sea compensado por lo menos con el dinero de  los gastos en que se le hizo incurrir,  porque se de muchos que incluso se endeudan para llenar esos requisitos sin resultados positivos.
La llamada “sociedad de consumo”, la del mercado neoliberal, que induce a los jóvenes a consumir lo que no producen, ha creado el término de “los ni ni”, una generación que ni estudia ni trabaja. Los interesados en el tema de la conducta debiéramos  estudiar a profundidad este nuevo problema del trauma del curriculum vitae, que arrojaría luz sobre las exigencias que hacemos de un buen comportamiento de nuestros jóvenes alejados de los derechos que debemos respetarles.
 

tras Opiniones de Frank Núñez

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