Martes 22 de Agosto del 2017
Santo Domingo, República Dominicana

Ramón Antonio Veras (Negro)

Armar a nuestro pueblo de determinación
I.-Confiar en el cambio para salir adelante
 
1.- Ha sido una constante de la especie humana el tránsito de un estado inferior a otro superior, expresado desde el desarrollo del cerebro por medio del trabajo y en la  lucha con la naturaleza exterior para modificarla y adaptarla a sus necesidades, hasta llegar hoy a la conquista del espacio sideral.
 
2.- El desarrollo se alcanza cambiando lo que está añejo por lo nuevo; eliminando lo que traba el crecimiento de lo que es avance. Hay que hacer que tome distancia lo que necesita expandirse sin encontrar nada que lo detenga.  No conviene cerrarle el paso a lo que se pone en ejecución para que se materialice el objetivo que se busca lograr.
 
3.- El éxito lo alcanza quien acciona confiando en que para lograrlo debe fiarse en su esfuerzo, creer en lo que hace, desechando todo lo que puede motivarlo a poner en tela de juicio su triunfo. La seguridad, la certeza hace posible ir hacia delante, y no quedarse atrás, ni mucho menos retroceder. A una comunidad humana le conviene contar con personas que tengan el convencimiento de que hay que ganar espacio y progresar fijando ideas en la superación para nunca detenerse, y llegar así a tener lo deseado.
 
4- En cada país los exitosos no se amilanan, ni creen en el fatalismo. Son personas decididas, resueltas y enérgicas; muy diferentes a los cobardes, los pusilánimes que siempre se quedan atrás, y no avanzan porque tienen su voluntad aniquilada.
 
5.- La experiencia nos dice que los pueblos que avanzan en el orden material y espiritual son aquellos que creen en el progreso, en los triunfadores y victoriosos. La grandeza se mide por la gloria alcanzada interpretando el sentir de las masas, cuando son orientadas para prevalecer y vencer, no para fracasar ni sucumbir sin luchar.
 
6.- Hay que pensar positivo, actuar sin duda, comportarse sin vacilación; proceder con la creencia de que trabajamos para obtener lo que es útil para la sociedad. Hay que quitar de nuestro lado todo lo que nos haga recordar calamidad, adversidad y pesimismo. Solo el optimismo nos convierte en ser realizados esperanzadores.
 
7.- A nuestro pueblo hay que animarlo, entusiasmarlo, armarlo de determinación; estimularlo para que confíe en sus propias fuerzas; alentarlo para que se apodere de la alegría; se llene de bríos; se sienta divertido; enamorado de lo que necesariamente tiene que llegar a ser realizado.
 
8.- Lo fructuoso, lo productivo, lo fecundo debe ser colocado en primer orden por los que aquí creen que podemos construir otra sociedad que haga la existencia llevadera a las grandes mayorías nacionales. Sobre las cenizas de la base económica actual, debemos erigir otra totalmente distinta, en la cual estarían encantados los que aquí son los más, el pueblo.
 
 
II.- Debemos estar listos para triunfar
 
9.- Por muy averiada que esté una sociedad humana, en su seno hay fuerzas económicas, políticas y sociales con la suficiente capacidad creadora y dinamismo para sacarla hacia delante. El espíritu, el aliento y vigor de los que confían en el porvenir luminoso, están por encima de los abatidos y desalentados.
 
10.- Históricamente, el progreso es obra de los que están formados para fortalecer y vigorizar con su decisión de avanzar. El decaimiento, la declinación de la voluntad solo conduce a disminuir, a sentirse en declive, algo que solo domina a los derrotados, a los perdedores.
 
11.- El deseo de tener un gran país está en quienes confiamos que un futuro mejor es posible; que la confianza para triunfar suma bríos y aporta vivacidad. Por muy espinoso, peliagudo y difícil que sea el presente, la aspiración al triunfo convierte el porvenir en algo simple, sencillo.
 
12.- Aquellos que cifran positivas esperanzas para que podamos levantar una nación diferente a la actual, deben confiar en que tiempos mejores van a venir, y así nos olvidaremos de pesares, desgracias, catástrofes, infortunios y prejuicios. La determinación de vivir con alegría, gozo y pleno júbilo, entraña mirar en el presente un futuro halagüeño.
 
13.- La realidad ha demostrado que cuando las mujeres y los hombres más consecuentes de la sociedad se ponen en tensión y demuestran diligencia, se logran los objetivos perseguidos, y la felicidad llega, desplazando la tristeza, la desventura y el desencanto. La prosperidad, el bienestar se construye con el esfuerzo colectivo de aquellos que hacen descansar el avance en el trabajo.
 
14.- Debemos poner por delante el pensamiento   de cambiar el medio donde vivimos hoy para salir de los lamentos; empinarnos a los fines de estar  en condiciones de superar todo lo que nos hace débil, porque sabemos que contamos con  las  potencialidades que permiten convertir a los pueblos de endebles en robustos y resistentes.
 
15.- Sin titubeos hay que armarse de bríos; en ningún momento flaquear ni anímicamente desmoronarse. No podemos andar de capa caída, como si hubiéramos dejado de ser el pueblo batallador  para convertirnos en  fracasados,  con tendencia al amilanamiento  y cobardía.
 
16.- En busca de salir adelante como país debemos estar siempre dispuestos a estar allí donde se quiere avanzar, a disposición de lo que es necesario para contribuir al desarrollo; preparados para contribuir en lo que es beneficioso para ser un pueblo presto al triunfo.
III.- Los constructores del futuro país
 
17.- Es indiscutible que para construir un nuevo orden social se requiere la presencia de un ser humano renovado, que piense en el futuro, que sea distinto al actual en pensamiento y proceder, de sólidos ideales y práctica de vida.
 
18.- La persona física llamada a modernizar un medio social debe estar formada, instruida  para cambiar lo de ahora que no sirve, por lo que mañana ha de servir. Solo sirve quien  tiene su cabeza liberada de odio para luchar por lo que es de bien para la humanidad.
 
19.- El individuo que abraza las ideas que procuran el florecer de los pueblos, rejuvenecerlos en lo económico, social y moral, tiene que comportarse limpio; sin prejuicios, resentimientos y maldiciones. El buen corazón no está en aquel que solo sirve para ofender, herir, denigrar y causar pesares, porque grosería, maldad y malignidad andan de la mano con la perversidad.
 
20.- La sociedad que ha de nacer, la que aspiramos sea novedosa, sumamente flamante, será la obra de aquellos que piensan en alto, en elevar a los que sufren sacándolos del hundimiento, de la opresión y el abandono.
 
21.- No basta con que se vea repugnante el medio donde vivimos. Para cambiarlo por otro agradable, atractivo y altamente apetecible, hay que estar hecho de un material humano lleno de sensibilidad. El deleite a una comunidad no se logra asqueando, revolviendo los estómagos con expresiones cargadas de lo nauseabundo, infecto y odioso.
 
22.- El país nuevo que queremos y merecemos no lo vamos a conseguir con las acciones de los que están preñados de amargura, reconcomio y enfado. Aquellos que se sienten heridos, debilitados, aferrados a los lamentos, están imposibilitados de ser renovadores, porque son los resentidos ante el éxito ajeno que los mantiene ahítos de piques, de disgustos.
 
23.- Para simbolizar, emblematizar o de cualquier forma tipificar lo bueno y bonito que necesitan los pueblos que mal viven bajo sistemas sociales injustos, hay que predicar, llevar a la conciencia de lo mejor de la nación un mensaje cargado de buenas esperanzas, anunciando confianza y buenas expectativas.
 
24.- Desde el fondo del alma y  lo más profundo del corazón, hay que poner por delante lo que es posible obtener con el  esfuerzo colectivo de los que en el país están dispuestos a no dejarse vencer por aquellos  que con nefasto proceder  han llevado al país al desastre social, ético y moral.
 
25.- Los pueblos deben confiar en los ciudadanos y las ciudadanas que no se desalientan por nada; no se dejan aplanar, ni aceptan dejar caerse el alma a los pies, como si el mundo los fuera a aplastar. Ellos son los que permanecen alentados, animados y sirven para estimular, pero nunca para desmotivar.
IV.- El día ha de llegar
 
26.- Ante tanta miseria humana proveniente de los que siembran  discordia, odio y desconsuelo, que  solo sirven para quemar con sus lenguas venenosas a los  entusiasmados, animados y resueltos, lo que procede es mantenerse contento, con espíritu constructivo, para crear lo bello que sale del cerebro para unirlo con lo bonito que nos da la naturaleza, el mundo circundante.
 
27.- Deben mantenerse unidos aquellos seres humanos formados para generar dinamismo, jaleo, ambiente sano y alegría contagiosa, porque solo así pueden  ser derrotados los que cultivan el aburrimiento, la aversión y la hostilidad  que tanto daño llevan a las comunidades donde habitan.
 
28.- Para vencer lo negativo en cada medio social, hay que hacer caso omiso a los insignificantes, insustanciales y vacíos, que son los huérfanos de ideas creadoras. Ellos son los que se mantienen activos en busca de aniquilar, arrasar, destruir y mantener anonadados a quienes en el medio social luchan por acabar con lo que significa aberración, padecimiento y atraso.
 
29.- A lo mejor de nuestro país hay que ponerlo a pensar que para cambiarlo para bien debe estar dirigido por sus mejores hombres y mujeres, aquellos que confían en que podemos salir adelante bajo un nuevo orden social. Debemos creer en quienes se forman en el trabajo y están en condiciones de animar al pueblo, inducirlo a ser creativo, impulsarlo a salir del atraso, persuadirlo a que piensen en un bello porvenir.
 
30.- Hay que afianzar la idea de que nuestro país va a cambiar, se desarrollará en lo económico, social, ético y moral; levantando un ser humano educado en la decencia, la honestidad, la fraternidad y la solidaridad. Solamente así lograremos vivir en un ambiente sin odio ni ladronismo, liberado de las lacras sociales que solo sirven para dañar, lastimar, herir a las personas de bien.
 
31.- El día llegará, y ojalá sea más temprano que tarde, cuando los dominicanos y las dominicanas van a convivir en hermandad, libres de lastres, de las rémoras que impiden que llegue la alegría y predomine la comprensión para que no continuemos con la perversión, la depravación y la malignidad como forma normal de vida.
 
32.- La transformación de nuestro país está en los hombres y mujeres que creen en los cambios para hacerle la vida menos pesada a las grandes mayorías nacionales. Modificación de las arcaicas estructuras que frenan el desarrollo será una realidad con el concurso de los que creen en la innovación partiendo del trabajo, el esfuerzo común, el empuje consciente, el empeño por construir una sociedad llevadera.

tras Opiniones de Ramón Antonio Veras (Negro)

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