Lunes 21 de Agosto del 2017
Santo Domingo, República Dominicana

Ivelisse Prats Ramìrez de Pèrez

De la política y sus despojos
Por ignorancia, conveniencia o abulia moral, la palabra política ha ido adquiriendo un carácter polisémico. O sea, se usa y se entiende “asigún”.
 
Este “asigún” abarca, acriollizandolo distintos factores: tiempos, tipos de sociedad, miradas ideológicas. Sobre todo, quienes o cuales controlan más poder, elemento sin el cual no puede definirse la política.
 
Como en un ejercicio de los que se hacían antes  en la clase de Lengua Española, debemos remontarnos a la etimología del vocablo: Politiké, en griego referido a la Polis, la ciudad y a su estupendo derivado: ciudadano.
 
Aunque Platón trato sobre el tema “Gobierno y Estado” en su obra La República, es Aristóteles en su obra Ética a Nicodemo quien dedica un tratado especifico al asunto. La versión aristotélica deja una luminosa marca en la historia analítica de la política, al situarla como “Rama de la Moral”, después, por consejos al “Príncipe” de Maquiavelo y practicas obscenas de los gobernantes, la  política ha ido diferenciándose de esa concepción aristotélica hasta el punto de desdecirla totalmente.
 
Fue también Aristóteles, consecuente con su visión ética y humanista de la política, quien la define como actividad de los CIUDADANOS dando a estos la capacidad, el derecho y el deber de gobernar la POLIS en esa democracia “su generis” que los griegos concebían, que aceptaba la esclavitud y segregaba de a las mujeres de esa practica holística y virtuosa versión de la política.
 
Entendida así, como acción compartida por la comunidad de ciudadanos libres la política solo se ve ahora como paradigma deseados por algunos, desechados por muchos, que se desvanecen poco a poco de la propia percepción ciudadana.
 
La “real politik” cambió el rumbo y los fines del “arte de gobernar”. El poder que es el instrumento para control indispensable no está equitativamente distribuido entre los diferentes estamentos (mujeres incluidas) sociales. El poder concentrado en una minoría golosa, glotona, que desde partidos y empresarios hacen en la política y con la política lo que conviene, no a la Polis, sino a sus intereses mercuriales; amos del Estado.
 
Norberto Bobbio desde la Sociología y Savater desde la Filosofía, Freire desde la “Pedagogía del Oprimido” y en la Literatura Saramago. Como ejemplos han reclamado que la POLÍTICA sea devuelta para su ejercicio pleno a todos, haciendo realidad la utopía de las constituciones que declaran al pueblo soberano, aun cuando todavía hay tantos monarcas en el mando, con y sin corona.
 
También, voces limpias aun claman porque se moralice la política, prédicas a oídos ensordecidos de lo que Pablo Iglesias llama las “castas”. La inmovilización y la desmoralización de la política y el despojo a la ciudadanía de su protagonismo para hacerla, se fortalecen a partir de las teorías de Fukuyama y Hayek, el fin de la historia, la muerte de las ideologías, decreta el pragmatismo sin límites como forma de vida y de gobierno “urbi et orbe”.
 
El neoliberalismo queda instaurado, la vuelta a la ley de la selva, el triunfo absoluto de los fuertes frente a los débiles, no deja espacio para esa “gleba” que pretende ser ciudadanía, además, si la política es, “el arte de gobernar los estados”, recordemos que en el mundo, actualmente, los estados ya no se gobiernan desde adentro. El Mercado trasnacional es quien manda, aunque a veces lo hace a través de complacientes socios nacionales.
 
Si acaso, como alguna definición afirman que la política es también el “Arte de la NEGOCIACI”N”, se habla de cuando en cuando de “Tratados de Libre Comercio”. Otro truco polisémico, porque no hay equidad, sino dependencia apenas disfrazadas en esos acuerdos desiguales.
 
Este recuento resumido de lo que he dado en llamar “La Política y sus despojos” tiene maestra de cabeza dura como soy, una moraleja.
 
Faltan 120 días para las elecciones en nuestro país. Para que estas no se escuadren en el marco de un despojo más a nuestra soberanía como ciudadanos, sino que inicien el tiempo del cambio hacia una política con esperanzada moral y con participación REAL ciudadana, tenemos un arma: el voto. El voto es poder. Sin enajenarlo, ni venderlo, con los ojos abiertos, la memoria a tope y la determinación de recuperar el ejercicio de la política para nosotros todos.
 
“No asigún” convenga, siga conviniendo a los ahítos sino como la concibieron los filósofos y la reclamamos los comprometidos con la democracia y con la Moral como atributos humanos. O sea, indispensable para ser políticos.

tras Opiniones de Ivelisse Prats Ramìrez de Pèrez

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