Lunes 26 de Junio del 2017
Santo Domingo, República Dominicana

Ramón Antonio Veras (Negro)

El medio social dominicano contamina hasta la amistad
Una explicación previa 
1.- Mi formación personal con relación  a la amistad  la cultivé en mi niñez y juventud;  sin imperfección,  ni  mácula; la limpieza estaba en nuestra conciencia y la expresábamos en el trato sin mancha, franco, sincero y leal. Entre nosotros, los amigos y amigas de ayer, no se conocía  la mentira, el engaño; ni la  celada para  traicionar,  la emboscada para culminar ni la acechanza traidora. 
2.- Me formé en una comunidad de amigas y amigos que nos tratábamos con  relaciones de afectiva  hermandad; el hermanazgo nos unía con afinidad; compenetración que no tenía limitación  alguna; cada uno generaba simpatía  hacia los otros; la camaradería fue la expresión  del querer mutuo que se anidó siempre en  nuestros corazones.
3.- En el contexto  de la narración anterior tiene el origen  mi actitud en torno a la amistad, y no  la percibo  de otra manera; mis convicciones están  construidas sobre el  trato mutuo, la reciprocidad compartida, en la correspondencia ligada por el afecto y la franqueza.
 
II.-  Motivación de este escrito  
4.- He sido impulsado a elaborar este escrito porque me ha llamado a preocupación el hecho de que personas que tenemos el mismo origen social y nos conocemos desde hace muuuuuchos  años,  desde niños, o nos desarrollamos juntos, ahora resulta que, al parecer, se han dejado contaminar por los vicios de la sociedad  actual que muy poco valora la amistad, y  para quien el afecto tiene, en algunos segmentos, un componente económico.
5.- Aunque el  estado de descomposición  que predomina en la sociedad dominicana de hoy es tan fuerte que quiebra hasta el acero, me  resisto a creer que un amigo o amiga de mi generación se deje resquebrajar su conciencia, su forma de proceder, por los vicios que genera este medio social  achacoso.
6.- A mis amistades de ayer,  les tengo   un espacio especial en mi corazón, pero esta distinción  no me impide comprobar la realidad de hoy;   sé que  el sistema que predomina  en mi país  debilita hasta las voluntades más  férreas,  y  las convicciones  más finamente cultivadas. Pero la amistad  adquirida en el fragor  de la vida diaria, una amistad de antaño, no puede caer en la fragilidad. 
7.- La camaradería de antes  era encantadora, la  simpatía se advertía en el trato, primaba la cordialidad; manteníamos   comunicaciones gozosas,  celebramos las cosas más baladíes, no se percibía  ningún  recelo;   la confianza nos unificaba, la entrega mutua nos identificaba sin temor ni sospecha. Desconocíamos la malicia.
8.- Conocí la dedicación al amigo, la plena confianza,  la creencia en la palabra proveniente de él;  me daba seguridad su persona;  la esperanza firme para creer  en lo que  me decía me generaba tranquilidad; no había espacio  para la desconfianza, la duda ni el titubeo de creer en lo que me decía.
9.- Una amistad que nace en la niñez, la comunicación diaria en el barrio,  en la escuela primaria e intermedia, y  se extiende hasta la adultez,  está libre de incertidumbre; no hay lugar al titubeo en la conversación ni vacilación  en la entrega  a confiar el secreto; la decisión  es en firme, sin nada  de cuestionamiento; no se objeta ni se debate  lo que dice el amigo verdadero.
 
III.- El  medio social  diluye la amistad
10.- La compenetración entre amigos está resultando agrietada por un mundo que no conoce la amistad cultivada en forma agradable,  la trabazón construida con amabilidad y reciprocidad. La  simpatía que hace sentir bien a los íntimos se ve empañada por las actitudes intolerantes que genera  la obstinación.
11.- Aquellos afectos que se fueron  soldando con los años, este medio los diluye; la afinidad sana, la sincera inclinación  se  daña  por las taras  sociales; la afición, el apego, la simpatía mutua es devorada por este  contaminado ambiente que absorbe hasta las uniones más armoniosas y los enlaces más sólidos.
12.- Resulta penoso que el medio social contribuya a que amigos de años y años se pierdan, porque se desorientan al ser tentados por los vicios sociales;  se extravían  del camino de la sincera amistad; abandonan la relación  de afecto, lealtad y franqueza, malogrando así  el cariño, la estima mutua que se había cultivado con el transcurrir del tiempo. 
14.- La polución que está en el medio social dominicano es  infecciosa, envenena hasta la amistad más antigua y pura; corrompe, pervierte sanas relaciones; emponzoña sembrando odio para crear discordancia entre amigos queridos y unidos por lazos históricos.
15.- El  falsario abunda en la sociedad dominicana actual; está educado, preparado para mentir; su norma  de vida es ser artero, impostor y mixtificado por convicción. El falseador es un ser humano dañado que contagia con su sola presencia; su infección es pegadiza.
16.- Nos  estamos moviendo en un ambiente dominado por la  falsedad,  la hipocresía y la falacia. Lamentablemente hemos sido testigos de que amigos que creíamos verdaderos han experimentado cambios en su conducta, en el sentido de la amistad, se han dejado penetrar por la falsía.
17.- Un país  como el nuestro,  estropeado moralmente, genera segmentos sociales nocivos, perniciosos, en los cuales surgen amigos  en quienes no se puede confiar, porque perjudican, menoscaban hasta con su saludo.  En la medida que el sistema se hace más dañoso, surgen aparentes amigos que lesionan  con un  proceder que hace estragos.
18.- El deterioro  del medio social dominicano ha hecho posible que en las relaciones de amistad  se haya producido, para mal, una metamorfosis en los sentimientos, conversión que se comprueba  por el relajamiento  en el trato, el estropeo de la correspondencia, la brusquedad  en la intimidad, el roce descortés y  la pérdida de   la sociabilidad afectuosa.
 
IV.- Un razonamiento final
a.-)  El ordenamiento social dominicano ha de ser cambiado para que  renazca el sentido de amistad que hoy está intoxicado  por la carencia de lealtad, la presencia de la depravación, el dominio de la deshonestidad, la proliferación  de la perversión y  el envilecimiento.
b.-) Ante el debilitamiento cada día más notorio de los lazos de amistad,  se hace necesario buscar formas de relaciones que la fortalezcan; la  vigoricen haciéndola más cálida, alegremente calurosa, encendida de ternura; robusta con encendida delicadeza; aislando la brusquedad, la aspereza y la animosidad.
c.-)  Para que la amistad no siga  perdiendo aquello que  la hace bonita y alegra  el alma, conviene  que a las amigas y a los  amigos puros les demos trato delicado, con abierta suavidad, con palabras cargadas de ternura; hay que eliminar el lenguaje  hiriente, los insultos,  la grosería y tozudez.
d.-)  La amistad agraciada debemos mantenerla como se quiere  que sea,  linda, sincera y pura; que no se ensucie; que siempre simbolice integridad; quererla alejada de toda maldad, malicia y doblez.
e.-) A los amigos y amigas que no se han contaminado debemos conservarlos como tesoros, finas alhajas; algo así  como si fueran hermosas joyas; verlos como parte muy reservada de nuestras  vidas, que nos interesa mantenerlos con trato muy exquisito para  que esa    amistad cada vez se pueda ensanchar más y más, y nunca se extinga.
f.-) En una sociedad enferma como la dominicana no  resulta fácil hacer nuevos amigos, porque la superficialidad está predominando: se está haciendo un hábito entrampar con finas palabras que no  salen  del corazón;  la simulación se está manejando como el eje de la amistad; el disimulo es la prenda que adorna  al supuesto amigo de hoy.
g.-) Finalmente, en lo que a mí respecta,  puedo decir que las amigas y los amigos que me  quedan son puros, me siento bien compartiendo con ellos; han probado no ser maleables, ni estar  contaminados.
 

tras Opiniones de Ramón Antonio Veras (Negro)

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