Jueves 24 de Agosto del 2017
Santo Domingo, República Dominicana

Frank Núñez

El libro como expresión de la cultura dominicana
(Ponencia en la III Feria Internacional del Libro Dominicano en Orlando)
 
ORLANDO, Flórida, EE.UU.- No se podría concebir una expresión de la cultura dominicana sin el papel jugado por el libro, desde los primeros días de la llegada de los conquistadores a la isla que hoy comparten la República Dominicana y su vecino Haití. Desde el Diario de Colón, extraído del cuaderno de bitácora del insigne navegante, pasando por la Historia de las Indias de Fray Bartolomé de las Casas, las investigaciones publicadas por Antonio Sánchez Valverde, Antonio del Monte y Tejada hasta llegar a quien se conoce como el Padre de la Historia, José Gabriel García, el libro ha sido contenido y continente material y espiritual de lo que somos como pueblo.
El escritor y político dominicano, Juan Bosch, al referirse a este mismo tema en su libro didáctico: Textos culturales y literarios, prefiere iniciar su enfoque definiendo el concepto Cultura, aclarando que el mismo puede tener diversos significados.
El vocablo cultura llegó al español del latín, su lengua matriz, en la que se escribía exactamente con las mismas letras, pero quería decir cultivo, refiriéndose a las actividades agrícolas.
Con el paso del tiempo, y el desarrollo evolutivo de la humanidad, la significación más amplia y profunda de la palabra cultura se refería a la acumulación de todos los conocimientos y de todas las artes que la humanidad ha venido creando en su larga lucha por dominar la naturaleza que lo rodea, de la cual saca su alimento, su morada, el vestido y satisfacer todas las necesidades que le han permitido sobrevivir en constante progreso.
De acuerdo con Bosch, de todas las destrezas desarrolladas por el hombre, la más importante fue el don de la palabra, “la capacidad de clasificar con un nombre cada objeto, ser vivo, elemento natural, y más tarde, las ideas”.
Se trató de un salto cualitativo en la evolución humana, debido a que con el habla, se dio el paso de primate a hombre, permitiéndole “penetrar en el mundo de las ciencias, en el cual no habría podido entrar si no hubiera sido capaz de concentrar en su cerebro la esencia de los conocimientos que había inventado y de las artes que había ido creando”.
Como se ve, cultura es todo lo que hace el hombre en procura de satisfacer sus necesidades y mejorar sus condiciones de vida tanto en lo material como en lo espiritual.
En el caso dominicano, ha sido el libro el recurso por excelencia para preservar todo lo que ha sido nuestra cultura como pueblo en su lucha permanente por una vida mejor.
Desde nuestra gastronomía, historia, tradiciones, conocimientos científicos, filosofía, arte y religión, nuestras manifestaciones culturales están recogidas en el libro dominicano.
Probablemente por el hecho de que nuestra isla fue descubierta en los mismos años que se popularizaba la imprenta de Gutemberg, la conciencia dominicanista se fue conformando hermanada con el libro. 
Pero entre esas cosas curiosas de nuestro devenir histórico, junto al libro y la imprenta, también llegaron los rigores y los controles de la inquisición religiosa, persecución por motivos de fe en lo que el imperio español que nos conquistó llevaba la delantera en América.
Todos los historiadores coinciden en que durante el período colonial “la publicación y la venta de un libro estaban sometidas a un estricto control, y si se trataba de libros que decían algo relacionado con el Estado, el gobierno, el rey o miembros de la familia real, se necesitaba una autorización expresa de la casa real, y cuando el tema de la obra tenía algo que ver con los territorios españoles en América, que entonces era llamados Indias Occidentales, se requería una licencia de ese Consejo”.
Otra exigencia era que todo libro debía obtener también una licencia llamada Ordinaria, otorgada por la Iglesia Católica, y debía tener una fe de erratas, y por último, un cálculo sobre los costos de la edición y del precio a que debía ser vendido.
El libro comenzaba con la dedicatoria de su autor al rey y seguía con la autorización real, en la que se ordenaba la publicación tal y como fue aprobada por el consejo real, estableciéndose que “no contiene cosa alguna opuesta a nuestra santa fe católica”.
Gracias a todas las revoluciones  vividas por América y el mundo, particularmente en nuestra República Dominicana, el libro superó todos los escollos que frenaban la libertad de expresión de sus autores, convirtiéndose en un instrumento de liberación ideológica, política y religiosa. El oscurantismo, en todas sus expresiones, encontró en el libro su peor enemigo.
En la actualidad, pese a todos los pronósticos que anunciaban el desplazamiento del libro por la internet y otros descubrimientos tecnológicos, el libro tiene en República Dominicana una vigencia extraordinaria, con el creciente aumento de publicaciones en todos los géneros, con notable mejoría en la calidad literaria, el respeto a la metodología científica de investigación, la presentación y el profesionalismo de las impresiones.
Un servidor mantiene en el diario El Caribe la columna sabatina EL LIBRO VIVE, en la que comenta las novedades literarias, espacio que debe administrar con criterio de equidad, a veces difícil, debido al creciente número de obras que se publican semanalmente y que ameritan la atención del columnista.
Aunque es de la opinión generalizada de que en República Dominicana deben mejorarse los niveles de lectura, debido a que incluso profesionales que por el ejercicio dedican poco tiempo a tan productiva actividad, lo cierto es que hay gran respeto por el proverbio chino que reza que en su paso por la vida toda persona debe “tener un hijo, sembrar un árbol y escribir un libro”.
Por el respeto de nuestro pueblo al libro, como expresión de la cultura que le ha acompañado desde su accidentado surgimiento hasta nuestros días, estamos aquí con ustedes en esta III Feria del Libro Dominicano de Orlando Flórida. 
Que Dios bendiga a los que hicieron posible esta extraordinaria fiesta de la Cultura, dedicada a la insigne poetisa Salomé Ureña de Henríquez, mujer de la que nos sentimos orgullosos todos los dominicanos.
Muchas Gracias.
 
 

tras Opiniones de Frank Núñez

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