Lunes 26 de Junio del 2017
Santo Domingo, República Dominicana

Rolando Robles

El secreto de las aguilas
Los verdaderos líderes se diferencian de los caudillos en la capacidad que tienen para renovarse. Mientras los primeros están prestos a advertir las nuevas tendencias -y en consecuencia- definir el rumbo de los procesos en función de las necesidades de sus pueblos, los segundos persisten en sacar ventajas de la influencia que han adquirido, acumulando riquezas personales y estancando el desarrollo de los ciudadanos comunes; por lo general devienen en dictadores. 
 
La historia dominicana está plagada de los segundos, y algunos de ellos hasta han producido cambios estructurales en el país. La gran mayoría, sin embargo, solo ha logrado enriquecer sus familiares y seguidores más cercanos. Si tuviéramos que señalar un líder, tendríamos que decidir entre unos cuantos dominicanos de bien, por lo general patriotas con probada capacidad de servicio, casi nunca políticos de profesión. De igual manera, al hablar de caudillos, tenemos que mencionar una significativa cantidad de dirigentes, civiles y militares, dentro y fuera del poder, y entre los que cuenta Rafael Trujillo, un dictador y sátrapa que nos desgobernó, a pesar de que apuntaló los cimientos del Estado dominicano.  
 
Es evidente que la voluntad y decisión de regenerarse constituye el talón de Aquiles de los líderes; y es a partir de esa premisa que quiero enfocar el futuro político del líder dominicano más importante de nuestros tiempos. Pero hay que hacerlo a través del ejemplo que nos brinda uno de los animales mas formidable de la naturaleza: la majestuosa e imponente águila, dueña y señora de las alturas. 
 
Acontece que el águila -que puede vivir hasta los ochenta años- al arribar a la mitad de su vida, entiende que para sobrevivir a la naturaleza debe desprenderse de algunas de las trabas que el hecho mismo de vivir le han generado: sus plumas pesan demasiado para volar, sus uñas ya no pueden sujetar las presas de cacería y su pico se ha encorvado y no apunta al frente sino, hacia su pecho. Para un animal ordinario su destino es morir en tales circunstancias, pero no para una aguerrida águila. Y justamente ahí toma la decisión de renovarse para sobrevivir. Está consciente de que sus calamidades no han sido generadas por su comportamiento, sabe que no ha hecho nada malo para llegar a esta situación. Todo es consecuencia del ejercicio de la vida, por eso encuentra fuerzas y motivos para revitalizarse y seguir haciendo lo que siempre ha hecho, vivir en libertad.  
 
Para materializar el valeroso y doloroso acto de recomponerse, el indomable águila localiza en las inaccesibles alturas montañosas, un lugar donde pueda estar a buen resguardo, pero que tenga un paredón de dura roca. Después de encontrar ese lugar, el águila comienza a golpear su pico en la pared hasta lograr arrancárselo. Luego debe esperar el crecimiento de uno nuevo con el que desprenderá una a una sus uñas. Cuando las nuevas uñas comienzan a nacer, comenzará a arrancar sus plumas viejas. Luego de cinco meses, cuando su plumaje haya renacido, sale para su vuelo de renovación; y a vivir 30 o 40 años más. 
 
Yo estoy hablando de Leonel Fernández, que aunque muchos seguidores lo identifican con el brioso León, es evidente que su figura se asemeja con mayor exactitud a la indómita águila. Sea Real, Imperial o Calva, Leonel es todo un águila en proceso de recomposición, para volver al poder, que es su hábitat natural y su destino, por mandato de los dominicanos. 
 
Todos sabemos que él no es el culpable de la molestosa, pero transitoria situación a que lo han sometido sus adversarios políticos. Pero todos sabemos también, que dichos adversarios tienen motivos mas que suficientes para desear una derrota de Leonel Fernández; no en balde él los ha hecho morder el polvo en más de seis ocasiones consecutivas. Ahora, lo que resulta imperdonable e inaceptable, es que fabulen sobre su accionar, involucrándolo con el narcotráfico. Ya se encargará la historia de hacer que paguen su infamia. 
 
Pero si bien es cierto que el presidente Fernández ha sido vilipendiado, acusado injusta y cobardemente; no es menos cierto que el hecho mismo de ejercer el poder con determinación y sentido de Estado, genera bolsones de inconsecuencias e indelicadezas que, muy a sus espaldas, prohíjan actos deshonestos y punibles. Y es de tales actuaciones -siempre de terceros- de las que debe liberarse el líder en este proceso de renovación y rectificación de los ejercicios pasados. Porque es entendible que alrededor del poder se cometan actos que sean objeto de censura pública; pero también hay que admitir que no son parte de la política del gobernante y que deben ser repudiados por todas las personas decentes y comprometidas con el avance de la sociedad. 
 
Justamente en este punto, es que hay que entender el proceso al que se enfrentará el presidente Fernández. Tiene que -como el águila indómita- desprenderse de cada una de sus viejas e inútiles uñas, para asegurarse la capacidad de caza efectiva, y por tanto, la alimentación. Los casi tres millones de dominicanos que respaldaremos a Leonel en las urnas en mayo de 2016, confiamos plenamente en su capacidad de reciclaje, que es el acontecimiento más significativo de su ascendente carrera política. 
 
Ahora, cuando establecemos esta similitud entre el exitoso presidente que ha sido Leonel Fernández y la indomable águila de montaña, lo hacemos conscientes de que, aunque paralelas, sus experiencias son de naturaleza muy distintas. El águila vive un ciclo biológico, propio de todos los seres vivos; Leonel en cambio, vive el proceso social de producir los grandes cambios que necesita el país. Contrario al águila, él no dispone de tiempo para aislarse totalmente y salir victorioso, una vez haya recobrado todo su plumaje. 
 
El líder habrá de renovarse sobre la marcha, y tendrá que volar con sus plumas, las nuevas y las viejas. Solo el proceso mismo de la búsqueda del poder le permitirá ir separando las viejas negativas, al tiempo que se apoya y depende de las nuevas que muestren real comprensión de la magnitud e importancia de la futura etapa a desarrollar. Como nada es absoluto en esta vida, hay muchas plumas viejas que sabrán auto renovarse e interpretar al líder, garantizando la continuidad del proyecto y en sincero ejercicio de lealtad, jugar el papel que se les asigne.   
 
El crecimiento económico logrado en estos doce años de ejercicio, sin dudas generó cierto grado de desarrollo social; pero no el que aspira Leonel Fernández. El líder quiere que todo este avance de la sociedad se convierta en bienestar general para todo el pueblo dominicano; y para eso quiere volver, porque solo los que saben crear riquezas, pueden repartirla equitativamente, y hacerla llegar a todos los sectores sociales.

tras Opiniones de Rolando Robles

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