Miércoles 23 de Agosto del 2017
Santo Domingo, República Dominicana

Rolando Robles

Los papeles de Quirino o el destape de los lobos (2 de 3)
Cuando formulé esa veintena de preguntas para tratar de entender lo que sucedía con el caso de Quirino Paulino, lejos estaba yo de suponer que el público y los amigos que me leen, ya tenían en sus mentes otras tantas, y de mayor calado que las que originalmente sometí a su consideración. De modo que durante toda esta semana he escuchado las mas conspicuas cuestiones sobre el comportamiento de este enigmático, pero perfectamente predecible capo mafioso.
 
Ya el país dominicano sabe que Quirino lo que busca no es que le paguen la supuesta deuda sino, reducir a Leonel Fernández a su mínima expresión y en consecuencia, sacarlo de la carrera política. En términos mas apropiados, el reo suelto lo que desea es venganza, retaliación, no importa cuan irracional sea o resulte la acción; algo muy propio y común en el bajo mundo, donde los valores morales resultan un tanto retorcidos. Lo que nos resulta difícil de digerir, es la catadura de la gente que lo acompaña en esta vergonzosa odisea, y las motivaciones que puedan tener.
 
Y razones puede que tenga Quirino de sobra, pues la firma de su extradición, bien pudo ser rechazada -según su razonar de delincuente común- por Leonel Fernández, como hiciera Balaguer en su momento con el célebre apostador. Lo que no acierta el Don a entender es que sus circunstancias son muy diferentes a las del viejo crupier -currupié, al decir de la gleba- y de que Balaguer si tenía razones para “agradecer”, lo que no sucede con Fernández. 
 
Pero demás, para ese entonces Balaguer ya estaba por encima del bien y del mal, su residencia final hasta había sido construida. En realidad, él no tenía nada que perder, ni nada que probar y muy bien podía tomarse esa licencia política en función de su extensa relación con el Norte, actuando mas directamente que como lo hizo con el caso de Daniel Mirambeaux; claro que nunca podremos comparar los dos pedidos de extradición, ni el peso de los personajes envueltos. Mirambeaux había asesinado un oficial de la policía de New York, mientras que el jugador, sabrá Dios.
 
Leonel Fernández sin embargo, vivía y aun vive otra realidad política y hasta genética. Recién empezaba su segundo mandato presidencial y era el depositario de las esperanzas colectivas para enrumbar la nación, luego del traspié de los anteriores cuatro años. Estaba en la cúspide de su carrera política y no se podía dar el lujo de echar por tierra -con un acto de inconsecuencia geopolítica-  toda la confianza que el pueblo había depositado en su persona. Leonel Fernández tenía mandato para recomponer el país y mal pudiera empezar con el pie izquierdo, lisonjeando al narcotráfico internacional. 
 
Pienso que probablemente el presidente Fernández escuchó pedidos de colaboradores cercanos para que impidiera la extradición del capo en cuestión y probablemente también, esos colaboradores esgrimieron razones que pudieran calificarse de “entendibles”. El asunto es que el Jefe del Estado dominicano está por encima de las posibles veleidades que en campaña pudieran acusar algunos de sus subalternos, especialmente si nunca se enteró de ellas y mucho menos las habría aprobado -como ha sido confirmado en múltiples ocasiones- y a juzgar por las declaraciones públicas del propio capo mafioso. Hizo muy bien Leonel al actuar siguiendo estrictamente los dictados de su conciencia. 
 
Establecido ya que Fernández no tuvo ninguna vinculación con el susodicho delincuente y que ni le mandó a pedir ni recibió de él ninguna contribución, tenemos que admitir que hay posibilidades de que alguien de su alrededor quisiera “pescar en río revuelto” y que a sus espaldas haya pactado con Quirino alguna forma de “cooperar” con el bando contrario al que él representaba en Elías Piña, o sea a Hipólito Mejía. Esta especie de “cobertura” o “tape” es muy común entre apostadores e inversionistas de la política.
 
Si Quirino era eso, exactamente un inversionista o apostador de la política -como él mismo proclama- lo mas natural es que se comportara como tal, y apostara a los dos bandos, como se dice que hace el famoso y próspero empresario don Delfín Remigio, que le daba 10 millones al PRD, 10 al PLD y 10 al PRSC y les decía solemnemente: “el que gane me paga los sesenta”. Siguiendo esa lógica, Quirino pudo haber invertido unos 50 millones en el PRD de Hipólito y 50 millones en quienes él creía representaban a Leonel y el PLD. No pienso que invirtiera en el PRSC, pues ya se sabía que no era “pará”, aunque la JCE los siga considerando “mayoritario”. 
 
El caso es que como Leonel ganó, debía pagar los doscientos millones que corresponden al inversionista, o sea, a Quirino. El asunto se complica porque el negocio lo hizo Quirino con los intermediarios y a espaldas de Leonel y todo indica que no hay una sola evidencia de que Fernández supiera de las periódicas transacciones alegadas por el Don. Ahora, lo que si pudiera haber sucedido -y yo me inclino por creerlo- es que a Quirino le dieron un “tumbe” y de ser así, todo apunta hacia los personajes que según alega el susodicho, recibieron la millonada que el entregó. Aunque esto último es lo mas lógico del mundo, parece que “cojea de una pata”, porque tampoco se han presentado pruebas de que realmente se haya entregado tal dinero a la pareja denunciada. 
 
Lo mas significativo de esta comedia -que ya lleva dos semanas en escena- no han sido, sin embargo, las muchas interrogantes que se han generado en las contradicciones en que incurre el actor en sus monólogos sino, la cantidad de medios que se han sumado a la sin razón generalizada de difundirla. Ya el teatro no es el tarantín original, tan ácidamente cuestionado por muchos de sus colegas; la comedia se está montando en otros escenarios, y hasta de mas categoría que el escogido para la premier. La semana pasada la obra se presentó simultáneamente en varios teatros, algo inusual en el tablado dominicano y del mundo; y yo me pregunto ¿habrá hablado Don Dinero o el interés de los medios es puramente filantrópico?
 
Ya para terminar este segundo acto de “Los papeles de Quirino”, denominado “El destape de los lobos” -que como advierten, no puede ser mas certero el subtítulo- solo quiero advertirles que esta comedia, que aparentemente pertenecía al género cómico, por las características básicas del actor principal: mentiroso, charlatán y fanfarrón; parece que terminará siendo una comedia trágica, y lo demostraré en el tercer y último capítulo. El título se puede anunciar desde ya: “Los últimos días de Quirino”
 
¡Vivimos, seguiremos disparando! 
 

tras Opiniones de Rolando Robles

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