Miércoles 23 de Agosto del 2017
Santo Domingo, República Dominicana

Narciso Isa Conde

De bombas y capuchas
El uso de las capuchas, como el uso de las armas, no es ni malo ni bueno en sí mismo.
 
Eso depende de las condiciones, los motivos, las necesidades, las circunstancias…
 
Usted puede ser un revolucionario encapuchado o un combatiente popular digno de admiración, si enmascara su rostro para preservarse de las crueles represalias de un poder criminal, persecutor. Pero así mismo puede ser un provocador encubierto o un manifestante torpe y perjudicial, si recurre a una careta innecesaria o aun método violento que sirve francamente a los enemigos de la justa causa que dice defender.
 
Igual, cuando se trata de usar armas y disparar, usted puede ser un ajusticiador, como los que mataron a Trujillo; o un asesino como los que mataron a Amín y a Orlando.
 
A propósito de lo ocurrido y por ocurrir en la UASD.
 
Esto viene a colación en la UASD de hoy, donde me lucen tan destemplados los discursos generales y “persé” contra las capuchas y la violencia de todo tipo; como de inspiración enemiga, provocadora o sumamente torpe y aberrante (hasta hacerle el juego a lo peor de esta entidad y del país), encapucharse en sus recintos, blandir y/o emplear armas en su interior o en los alrededores de sus puertas de entrada y salida.
 
En la UASD todavía hay espacios para hacer pequeñas, medianas y grandes movilizaciones; actos políticos y culturales, iniciativas institucionales y extrainstitucionales, demostraciones ordenadas, protestas diversas bien canalizadas…
 
Desde la UASD se puede reivindicar el derecho y el ejercicio a manifestarse, a movilizarse, a marchar, a luchar… en el seno de la sociedad y de frente al gobierno, al Estado represivo, a la clase dominante, al imperio… que niegan derechos esenciales como el de la educación, la alimentación, la salud para todos/as, el trabajo digno, el ambiente sano, la soberanía popular.
 
En la UASD no se deberían activar como bombas sociales internas problemas cuya paternidad es del Estado y el poder social que la discrimina y excluye; como tampoco sus autoridades deben permitir que se sigan mal usando y mal distribuyendo los limitados recursos que recibe, ni ser pasivas en el reclamo de los derechos de ese entro académico.
 
Dos ejemplos para no repetir.
 
Ahora solo me voy a referir a la bomba de los/as médicos residentes y a la de los alumnos si aulas por imprevisión interna y negación de recurso desde el Gobierno. Pero hay otros potencialmente explosivos, incluida la cuestión salarial, a la cual hay que prestarle atención y diseñar muy bien cómo y hacia dónde apuntar.
 
 Si hay componentes humanos sacrificados en el sistema de salud esos son, junto al personal de enfermería, los/as médicos/as residentes.
 
Ellos/as reciben el menor salario del sector salud por cantidad de horas de trabajo, prestan asistencia con servicios de 24 horas cada tres días y deben seguir estudiando.
 
Están forzados a pagar transporte deficiente y caro, comprar libros a altos precios y ropa de hospital… y, para colmo, muchas veces tienen que comprar sus alimentos mientras laboran, mantener sus familias, costear sus gastos de rotación; y, además, por reglamento del sistema, no pueden trabajar en ningún otro lugar (nada de pluriempleo).
 
El sistema hospitalario se desplomaría sin su esfuerzo y sacrificio, y pese a eso los/as somete sistemáticamente y sin piedad a variadas formas de discriminación, abuso, acoso, sobre-explotación y negación de derechos.
 
Eso es inaceptable y deben emprenderse todas las luchas, movilizaciones, iniciativas institucionales y extra-institucionales, fuera y dentro de la UASD, para REVERTIR ese lastimoso cuadro y devolverle la dignidad humana, a esos valiosos profesionales de la salud, pendiente solo de más entrenamiento, tesis, diploma y graduación formal. Incluso más allá de lo puntual y actual.
 
Pero si ese panorama general es verdaderamente inaceptable, más aun lo es –y mueve a una indignación mayor y puntual- el conjunto de aumentos de penalidades económicas que se le ha pretendido imponer; y, para peor, de sopetón y si consulta alguna.
 
La Facultad de Ciencias de la Salud de la UASD, su Decano y su Consejo de Facultad, decidió torpemente un aumento de RD$2,400 a RD$6,000 en la matrícula y de RD$0 a RD$10,000 en el anteproyecto de tesis. Y esto lamentablemente lo ha hecho a nombre de toda la UNIVERSIDAD AUTONOMA DE SANTO DOMINGO, procurando fondos fuera del presupuesto y a costa de los/asa residentes y alumnos.
 
Además, lo decidió y lo ratificó tozudamente frente a variadas fórmulas intermedias del COLEGIO MEDICO DOMINICANO-CMD, interesado en moderar las cargas contra los/as residentes, aceptando de aumentos menor cuantía por esos servicios; posición mediatizada que tampoco comparto en su totalidad.
 
Ahora, por fin, los causantes del conflicto parecen dispuestos a flexibilizar y a llegar a un acuerdo  en torno a una nueva contrapropuesta que involucra las tres partes, la cual podría devenir en frágil si no se superan los problemas de fondos que afectan a ese sector.
 
Lecciones que no deben evadirse para no asumir culpas de otros.
 
Ni la UASD en su conjunto, ni la Rectoría, ni los demás decanatos e instancias uasdianas debieron cargar con ese injusto fardo generador de indignaciones, que probablemente procuraba –y procure- financiar privilegios y holguras locales, así como evadir la acción contra los responsables externos de las calamidades del sector; propiciando de paso conflictos internos innecesarios y angustiantes.
 
 Al  Estado y al gobierno, a sus nefastas políticas públicas, le cae la culpa del drama de nuestros trabajadores/as de la salud, y hacia allá es que hay que apuntar. 
 
A los directivos de esa Facultad de Ciencias de la Salud le cae la culpa del desatino comentado, y hay que forzarlo a echar atrás esa barbaridad; apuntando concomitante en favor del saneamiento y la transformación de la UASD,  y del aumento presupuestario negado por un gobierno y un Estado que financia la educación privada y alienta su condición de negocio indigno.
 
Los/as médicos/a residentes no deberían pagar más de lo que han estado pagando, sobre todo si nos atenemos al principio de la gratuidad de la educación a todos los niveles. Si aceptan una fórmula intermedia, es decisión de su competencia, independientemente de que yo  y otros/as no la aprobemos. Pronto sentirán sus efectos negativos.
 
Ni la salud ni la educación deben ser negocios. Mucho menos negocios subvencionados por el presupuesto nacional, e incluso por la parte del presupuesto que por ley le corresponde a la UASD y que le está siendo asignada a universidades privadas.
 
Los/as estudiantes que han optado por la educación pública no deben ser sometidos a cuotas y pagos de servicios que deberían ser parte de una gratuidad, que solo cuando concluyan sus carreras y tengan trabajo e ingresos adecuados, la sociedad deberá reclamarle de buena manera su aporte a ella y a los/as mas necesitados.
 
Lo de la falta de  aulas, debido a las reparaciones de edificios docentes, debió prevenirse y a las autoridades le corresponde auto-criticarse, buscar soluciones que salven el semestre y tolerar pacientemente las quejas y protestas desatadas; mientras a los/as estudiantes afectados/as les toca ejercer toda su capacidad de movilización y protesta, con la mayor altura, presionando a las autoridades, reclamando de maestros/as y empleados/as solidaridad y enfilando los cañones de las ideas y las indignaciones contra un gobierno que se resiste a respetar la ley de Autonomía y Fuero, y el porcentaje del presupuesto históricamente fijado en favor de la UASD.
 
Nada de eso requiere en este contexto ni de capuchas ni de armas, ni de acciones violentas en la bocacalles; por lo que tales reacciones desproporcionadas, además de topos y lumpenes pagados, policías, calieses y DNIces encubiertos, tiene bastante de “cocoricamo” y resentimientos de grupos y autoridades desplazadas, con ciertos toques de tontos útiles y reacciones desfasadas que les sirven.

tras Opiniones de Narciso Isa Conde

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