Jueves 27 de Julio del 2017
Santo Domingo, República Dominicana

Narciso Isa Conde

Raúl, Cuba y las negociaciones con EEUU
El presidente Raúl Castro se pronunció en la III CUMBRE DE LA CONFEDERACIÓN DE ESTADOS LATINOAMERICANOS Y CARIBEÑOS (CELAC) como un estadista apegado a la autodeterminación de Cuba, defensor a carta cabal de la soberanía nacional y con una clara actitud de cerrarle todas las puertas a las pretensiones de injerencias imperialistas en la política interna cubana.
 
No dejó dudas respecto a la determinación de su gobierno de no hacerle concesión alguna al imperialismo estadounidense respecto al modelo político vigente y a la política exterior independiente del Estado cubano.
 
Apeló con fuerza al indeclinable derecho de cada pueblo a escoger el sistema político, cultural, económico y social que más le convenga y por el cual decida optar.
 
Defendió dignamente los justos reclamos de Cuba y las condiciones necesarias para pasar del inminente restablecimiento de las relaciones diplomáticas anunciadas a la normalización de los vínculos bilaterales, que precisa todavía del desmonte del bloqueo comercial y financiero (principalmente), de la devolución del territorio ilegalmente ocupado por la Base Naval de Guantánamo, del cese de las trasmisiones radiales y televisivas violatorias de las normas internacionales y de una adecuada compensación al pueblo cubano por los daños humanos y económicos que ha sufrido.
 
Raúl no solo asumió esa firme defensa de la autodeterminación de Cuba, sino también abrazó ese derecho fundamental como derecho de todos los pueblos de nuestra América y del mundo.
 
DELIMITÓ POLÍTICAS Y DEFINIÓ ACTITUDES SOBERANAS
 
En verdad Raúl no  dijo como Fidel que no se había reunido y no tenía la menor confianza en las posiciones de EEUU respecto a Cuba, pero delimitó políticas y definió actitudes que implican esa convicción; la cual venturosamente tiene un elevado peso en la sociedad cubana de hoy.
 
La forma y el contenido de su intervención fueron más propia del estadista independiente del imperio, que la del revolucionario anti-capitalista y anti-imperialista subversivo.
 
Tal impronta estuvo presente en todo su discurso, fundamentalmente concentrado en definiciones de políticas gubernamentales frente al vecino del Norte y sus socios, en iniciativas de Estado y estímulos a alianzas progresistas interestatales fuera de control de EEUU; sin incursionar en las necesarias derivaciones del internacionalismo revolucionario en los tiempos presentes, ni en la actualidad de la emancipación social, ni en la pertinencia de las revoluciones en el contexto de la activa multi-crisis del capitalismo senil.
 
Ese tono se explica por su  condición de jefe de estado y por el escenario en que actuó (CELAC), lo que sin negar el valor y el respaldo necesario a las posiciones gubernamentales, no debería convertirse en posicionamientos únicos y limitados a ese tenor a la hora de definir políticas desde el partido comunista, los movimientos sociales y los medios de comunicación; como en buena medida tiende a acontecer, dada la fusión partido-estado-organizaciones de masas, propia de ese modelo político.
 
Es claro –y es preciso recalcarlo- que Raúl Castro no es hombre de negociaciones claudicantes, ni de concesiones políticas onerosas al imperialismo estadounidense desde la relevante función que ejerce. Y eso es muy importante en el actual momento latino-caribeño; más aun cuando definió con mucha claridad los límites de ese nuevo paso y las coordenadas inviolables de cualquier avance en la normalización de esas relaciones, todavía extremadamente precarias e inciertas.
 
Importante, además, que el presidente cubano haya expresado criterios muy precisos respecto a los fines que persigue el enemigo histórico de ese proceso y que no haya dejado espacios a las ilusiones oportunistas que influyen debilitando la resistencia y la ofensiva política que requiere la defensa de la cubanía frente al imperio y sus pretensiones remodeladas.
 
Igual tiene un gran valor la firme defensa de los sistemas de salud y educación socializados, y de otros planes de profundo contenido social, así como el planteo de la permanencia de éstos independientemente del nuevo curso de la economía cubana.
 
OTRAS VERTIENTES Y NUEVOS RIESGOS
 
Pero más allá de ese auspicioso posicionamiento político, hay otras vertientes del tema que es necesario analizar y otros riesgos que es preciso ponderar en el contexto de las reformas económicas que soberanamente Cuba decidió emprender como respuesta al estancamiento, crisis y/o agotamiento del modelo estatista.
 
Es cierto, que como dice el presidente cubano, “todo parece indicar” que el imperialismo estadounidense tiene entre sus nuevos objetivos políticos “fomentar una oposición política artificial por medios económicos, políticos y comunicacionales”, descartando aquello que fracasó: “crear hambre, desesperación y sufrimiento para provocar el derrocamiento del gobierno revolucionario”.
 
Pero hay mucho más que esa proclamada intención.
 
El imperialismo es brutal, pero no bruto.
 
El imperialismo es descarado, pero también sabe ser taimado, sinuoso, pérfido…
 
A mi entender el propósito fundamental hacia lo interno de Cuba de los sectores que dentro del poder estadounidense auspician este giro de Obama, consiste en fomentar lo más que puedan el capitalismo en la economía y en la cultura cotidiana cubana: la propiedad privada con trabajo asalariado, la inversión extranjera privada, acicate al consumismo en la juventud, uso del dólar como instrumento corruptor, fomento de la atracción por el modo de vida americano; estímulos a los vicios, a el individualismo, al egoísmo y a la insolidaridad; turismo contaminante, dependencia en grande de las remesas, inversiones soterradas a través de testaferros, incremento de la dependencia comercial, promoción ladina de la subcultura cubano-americana, estímulo a la economía de servicios y diversión insana, comparación ventajosa de la economía privada con una economía y unos servicios estatales anquilosados…
 
POSIBLE IMPACTO DEL “PAQUETITO” DE OBAMA
 
Una parte del “paquetito” de concesiones de OBAMA (aumento significativo del monto de los envíos en dólares y de la autorización de divisas a viajeros estadounidenses, anulación de límites a las remesas dirigidas a negocios privados y “proyectos humanitarios”, facilidades bancarias, promoción de visitas e intercambios de bienes básicos y de equipos de telecomunicaciones…), apunta -todavía limitadamente- en esas direcciones.
 
A eso se agregaría, con efectos de mayor envergadura, las posibles inversiones estadounidenses en el contexto de la actual ley de apertura en grande a las inversiones extrajeras.
 
El impacto pro privatización y pro-capitalista de esas “concesiones” gringas, en el nuevo marco que tiende a conformarse con la distensión económica entre Cuba y EEUU, podría ser mayor que lo que aparenta debido a ciertas características de las políticas públicas y a ciertas dinámicas que previamente  se han desarrollado en el curso del despliegue del llamado proceso de “actualización del modelo económico” puesto en marcha en Cuba desde el inicio de la gestión de Raúl Castro y su equipo de gobierno.
 
Se trata, claro está, de decisiones soberanas.
 
Decisiones con un alcance más general que lo que estrictamente compete a las relaciones Cuba-EEUU, vinculadas al plan de reformas internas, a los cambios económicos dirigidos a enfrentar parcialmente la crisis del modelo estatista y a reestructurar aspectos de la gestión económica y formas de relacionamiento con el mercado mundial y los demás países.
 
Incluso, en cierta medida, EEUU ha tardado en reaccionar frente a esa apertura cubana; mientras que Rusia, China, Venezuela, Brasil y otros países –por razones obvias- ya lo hicieron con sus propios cálculos políticos-económicos, sus posibilidades y afinidades; lo que sin dudas ha presionado sobremanera a ciertas corporaciones estadounidenses interesadas en entrar en ese juego económico, así como al súper-estado gringo enfrentado ahora a una parte de las potencias emergentes.
 
Entre estas decisiones, la autorización de contratación de mano de obra y trabajo intelectual asalariado en negocios y empresas privadas de variadas dimensiones, genera capitalismo privado y acumulación privada de capital. Y esta es quizás, junto a ciertas modalidades de inversión privada extranjera (permitida por ley), uno de los puntos más objetables y controversiales de los actuales cambios en Cuba,  desde una visión genuinamente socialista. Ojala, más temprano que tarde, esas reformas puedan ser revisadas.
 
Acompañada esas decisiones de una economía estatal ineficiente, gestionada en forma centralizada y burocráticamente, se favorece indirectamente, por ventajas comparativas evidentes, la simpatía por la privatización con la carga ideológica que la misma conlleva.
 
Aunque existen ensayos de descentralización y planteamientos a favor de la socialización de lo estatal, la apuesta gubernamental en esa dirección es todavía muy débil, incluso en el tema de la cooperativización de carácter socialista; ni hablar en cuanto a la necesidad (desde la óptica marxista) de eliminar la explotación del trabajo asalariado y  traspasar las grandes empresas públicas a los/as trabajadores/as, con nuevas modalidades de autogestión y co-gestión.
 
El fomento del cuenta-propismo sin un claro norte asociativo, contando con la posibilidad de contratar mano de obra asalariada, al tiempo de fomentar el “sálvese quien pueda”, genera pequeñas y medianas empresas capitalistas y mayores desigualdades. Igual el acceso muy desigual a las divisas a partir de las remesas recibidas y los vínculos privilegiados con el exterior.
 
Hay que dar por descontado que en procesos de ese tipo una parte de la alta burocracia tiende a utilizar sus prerrogativas especiales para mutarse a capitalistas y hacer negocios privados. El transfuguismo social opera.
 
Todo esto, a la corta -y más aun a mediano y largo plazo- tiende a incrementar la economía de mercado junto el auge del capitalismo privado, así como las desigualdades en gran escala y el individualismo, liquidando de paso las posibilidades de un tránsito a un nuevo socialismo que reemplace el viejo “socialismo de Estado”, que desgraciadamente ha tenido aquí, allá y acullá mucho de Estado y poco de socialismo.
 
¿CUÁLES CAMBIOS POLÍTICOS?
 
En otro orden, está clarito que la actual dirección cubana no aceptará los cambios en el régimen político que los EEUU y sus socios mundiales le demandan. Y hace muy bien porque se trata del paso de lo existente a la seudo-democracias electorales capitalistas en decadencia.
 
Pero eso tampoco quiere decir, que al compás de una socialización progresiva de la economía (que todavía no se ha adoptado), no se deba socializar y democratizar mucho más el poder.
 
Rechazar enérgicamente la propuesta política imperial, no implica que en Cuba no deban contemplarse cambios políticos auto-determinados en dirección a una auténtica democracia socialista, que remoce el poder popular, que amplíe la democracia directa, promueva la participación, impulse el cambio generacional, socialice los medios de expresión y amplíe el debate; cerrándole a la vez el camino a la contrarrevolución imperialista-capitalista.
 
 Por demás, solo la preservación de la soberanía nacional y del actual modelo político cubano, con hegemonía del Partido Comunista (fusionado con el Estado como partido único), con el actual sistema de medios de comunicación y el control político de las organizaciones y movimientos sociales, no es necesariamente garantía contra la restauración de un capitalismo privado que se torne dominante junto a un capitalismo de Estado más o menos reformado.
 
China Popular, por ejemplo, ha conservado su soberanía y su régimen político-institucional bajo la conducción del Partido Comunista; mientras el tipo de reformas económicas implementadas han conducido a esa gran nación a convertirse en una gran potencia capitalista y en un imperialismo emergente, sustentando su extraordinario crecimiento en sus cuantiosos recursos naturales, su ancestral cultura de trabajo y sus ventajas comparativas en medio de un imperialismo occidental en crisis mayor.
 
China “comunista”, entre otras cosas, es la gran factoría de un capitalismo occidental que se ha tornado cada vez menos productivo y cada vez más especulativo.
 
El nacionalismo de gran potencia ha remplazado en la China continental al anti-imperialismo y el internacionalismo revolucionario, a consecuencia del proceso de reformas y modernización iniciado por Deng Xiao Ping
 
En Cuba el avance del capitalismo no sería igual. Tendría mucho menos posibilidades de expansión productiva y significativas taras, consecuencias más negativas y tendería a provocar una gran vulnerabilidad de la sociedad cubana frente al sistema imperialista y todas sus potencias.
 
Porque estoy convencido de esos riegos, y porque ciertamente en la propia Cuba todo esto está en fase inicial, generando inquietudes y discusiones sabias, insisto en el debate a fondo de estos temas y en la búsqueda de opciones que descarten la vía capitalista y posibiliten transitar del estatismo burocrático -ya infecundo- al verdadero socialismo; sin uniformidad, con variada formas de propiedad y de gestión, pero con planificación democrática y socialización progresiva, tanto de lo estatal como de lo privado; con democracia participativa, cultural, ambiental, de género y generaciones.

tras Opiniones de Narciso Isa Conde

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