Jueves 27 de Julio del 2017
Santo Domingo, República Dominicana

Rolando Robles

El discurso del deseo
Esto lo he estado pensando desde hace unos años. Desde la primavera de 2012 para ser exacto, que fue cuando se arreciaron los denominados “sondeos populares” que unos cuantos malandrines de la comunicación le vendían a la campaña de Hipólito Mejía, para oponerlos a las “encuestas compradas” que según los propios dirigentes del PRD, eran la única sustentación de la popularidad del candidato gobiernista Danilo Medina.
 
Al principio me molestaba porque no entendía el cretinismo de los dirigentes blancos, algunos de ellos amigos entrañables que aun y cuando sabían que yo respaldaba a Danilo Medina, aceptaban y hasta alentaban mi disidencia. Hablé largo y tendido con varios de los jefes medios del proyecto perredeísta y todos reconocían -a regaña dientes, por supuesto- que eso de los “sondeos populares” era una tomadura de pelo que se le hacía al pueblo, para tratar de detener al candidato del PLD.
 
“Imagínate Jabalí, nosotros estamos luchando contra el Estado, el Gobierno y el PLD al mismo tiempo, y no podemos competir parejos, de modo que si la gente ve que en los lugares públicos, los entrevistados respaldan mayoritariamente al PRD -aun sin la presencia de Miguel en la campaña- tenemos chance de inducir el voto indeciso, que es el que decide”. Esta confesión la escuché exactamente el 24 de abril, cuando rememorábamos la gesta de 1965; casi un mes antes de las elecciones de 2012. 
 
Ese día me convencí de que no era que los estaban engañando, era que ellos creían o necesitaban creer en que había posibilidad, aunque fuera mínima, de sorprender al electorado y provocar tal vez una “segunda vuelta”. A esa actitud de confundirr lo que uno quiere con la realidad, es a lo que se le llama cortésmente: “el discurso del deseo”. Y digo cortésmente, porque hay quien con mayor irreverencia, lo define como “una masturbación mental”, mientras que la gleba, que no se va por las ramas, lo denomina con palabras que son realmente  impublicables; pero que a fin de cuentas, quieren decir lo mismo. 
 
Un ejemplo muy claro de lo que es “creer en lo que uno quiere y mas nada” es el caso del beisbol, en que los fanáticos sueñan con ganar el partido porque se le caiga el “picheo” al otro equipo o de anotar carreras por los errores que ellos puedan cometer. Se olvidan que para ganar campeonatos hay que hacer dos cosas: anotar carreras y al mismo tiempo, evitar que los contrarios anoten.
 
El problema de los malos vicios es que cuando tú se los trasmites  a la gente que te sigue, luego les resulta imposible de rechazar y “por los siglos de los siglos” se mantienen razonando por inercia, tal y como tú le has enseñado. Siguen creyendo que las cosas sucederán como ellos desean que sucedan; y perennemente esperan sacarse la lotto, aun sin siquiera haber jugado el boleto.
 
Los resultados electorales de mayo 20 de 2012 desmintieron todos esos “desinteresados” sondeos que se hicieron en casi todos los municipios del país, pero al día de hoy, hay gente que cree a pie juntillas que Leonel Fernández será derrotado en 2016 como lo fue Danilo Medina en 2012; o mejor dicho, como ellos creyeron que sería derrotado. Mas que a practicar la política pura y simple, me parece que son militante de una de esas sectas religiosas fundamentalistas, que creen en todo, menos en Dios.  
 
Lo que me preocupa y lamento, es que ese socorrido discurso de esperanza inútil, ya no es privativo de los “compañeritos de la base” que ponen el corazón hasta en un billete de lotería sino, que los propios dirigentes lo han abrazado de manera personal. Es asombrosa la candidez con que te “analizan” las posibles salidas electorales de 2016, siempre a la luz de ese credo propio, tan personal como voluntarioso, pero nada realista.
 
Pero lo mas triste en realidad no es que hayan hecho de la casualidad una categoría fáctica; que es como asignarle a la lluvia la posibilidad de que se cometan crímenes en la ciudad. Donde se comete el grave daño, al generalizar este discurso de apuestas al azar, es en la mente de tus camaradas, que al tener resultados adversos, sustituyen ese “discurso del deseo” por el “discurso de la frustración, el desconcierto y la amargura”. No es raro oír a un decepcionado activista partidario decirte: “yo prefiero que Danilo se quede para siempre”, como si no fuera el mismo PLD quien seguirá en el gobierno.
 
Claro, para llegar a ese punto de desorientación, hay que agotar un calvario de razonamiento que cada vez los enceguece mas y mas. Primero le aceptan el cuento al candidato perdedor de que “le robaron las elecciones”; mas luego y ante los evidentes fallos de ese discurso de barricada, concluyen que “todos los políticos son iguales de sinvergüenza”. Un poco mas adelante establecen que “yo no vuelo a votar por nadie”, cuando en realidad lo que sucede es que se equivocaron de candidato.
 
Casi al pie del despeñadero, y con gran dolor y mayor frustración, te dicen: “en Santo Domingo ya no quedan hombres serios”; y todo porque un irresponsable candidato, asesorado por su equipo de campaña les metió en la cabeza que no había manera de perder las elecciones, porque él tenía -supuestamente- a todo el mundo “cogío por el pichirrí”. Desde luego que “Leonelito” y “Danilito” son culpables por igual de las seis derrotas causadas; pero ahora -como se va a jugar una lotería diferente- sucede que uno de ellos es un santo y el otro resulta ser un demonio. 
    
Hay que admitir sin embargo, que no solo el candidato y su team son culpables exclusivos del enloquecimiento que sufren sus seguidores. Los votantes -debido al alto grado de fanatismo que los permea- son por lo general, muy proclives a escuchar los cantos de sirena y a creerse que encontrarán el tesoro que la leyenda dice está al final de cada arcoíris. Los psiquiatras llaman a este errático comportamiento de manera muy específica; y desde hace tiempo el genio Albert Einstein explicó que “hacer siempre lo mismo y esperar resultados diferentes no es signo de cordura”. 
 
Nosotros sin embargo, nos quedaremos con la interpretación mas benévola; supondremos que este comportamiento incoherente lo genera la falta de ejercicio político responsable. Por suerte, la dinámica política obliga a los protagonistas a afinar el diagnóstico y a interpretar con conciencia el “tablero político”, a fin de leer a profundidad las demandas de los votantes y consecuentemente, construir la mayoría electoral que pueda sustentar el triunfo. 
 
Debe entenderse que el “discurso del deseo” -como aglutinador político- no puede ser eterno; que el liderazgo partidario no puede seguir alimentando las bajas pasiones de la militancia y engañando las masas populares con esos ridículos montajes de radio y televisión llamados “sondeos populares”. 
 
¡Vivimos, seguiremos disparando!
 

tras Opiniones de Rolando Robles

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