Lunes 26 de Junio del 2017
Santo Domingo, República Dominicana

Guarionex Rosa

Un mal que viene de lejos
La crisis del hospital Robert Reid Cabral en el cual se dice que murieron once niños en días pasados, es de las tragedias interminables que tiene el país, que no solamente involucra la falta de atención de los gobiernos, sino del personal sanitario, los padres y el sector clínico privado.
 
Era inevitable que sobre el ministro de Salud doctor Freddy Hidalgo cayera la responsabilidad de la última palabra, como en Washington, D.C., la de la directora del Servicio Secreto luego de que hace días un intruso armado de cuchillo llegó hasta la sala de la Casa Blanca.
 
Al nombrar en el puesto a la doctora Altagracia Guzmán Marcelino, que ha dirigido SENASA durante varios años, el presidente Medina coloca en la posición a una persona de buena reputación y que de seguro verá la responsabilidad de la seguridad social todavía inaplicada.
 
En el caso dominicano es comprensible que un hombre de la sensibilidad del presidente Medina en su afán por mejorar a los más pobres, recibiera en shock la noticia de que habían muerto varios niños en el principal hospital público del país para el cuidado de la niñez.
 
El haberse burlado del sentimiento presidencial como hizo el doctor Humberto Salazar, lo rebajó porque se le vio el lado político no el de médico compasivo y bueno como muchos lo han considerado. Quisieron hacer leña del doctor Hidalgo y de su régimen del cual son oponentes.
 
Al doctor Hidalgo, a quien se le tiene como un médico consagrado que trabajó en el interior como coordinador de las acciones de Salud Pública con éxito, le tenían las malas miradas puestas por cuanto el Ministerio de Salud siempre ha sido una fuente de enriquecimiento.
 
Las murmuraciones que llegaban al Palacio Nacional sobre el doctor Hidalgo, según se sabía desde hace tiempo, se incrementaron cuando la epidemia de la Chicungunya hizo estragos y algunos médicos “sabios” anticiparon que desaparecería solo tras afectar a todos los dominicanos.
 
En el ministerio de Salud Pública había aspirantes al puesto del doctor Hidalgo que trasegaban informaciones en su contra y buscaban detalles nimios para responsabilizarlo. Quizás su temple y la tradición de que nadie le renuncia al presidente lo mantuvieron en el cargo.
 
El doctor Hidalgo heredó hace dos años en muy mal estado los planteles de salud del país, al extremo que el régimen del presidente Medina ha tenido que disponer montones de millones de pesos para las reparaciones, y en los casos del Luis Aybar y Darío Contreras, la reconstrucción.
 
Al no presentar ante el país una auditoría de lo encontrado hace dos años, casi seguramente para no afectar la reputación del régimen anterior, que en definitiva es la del PLD, los ruidos actuales se ven como cosa nueva, cuando se sabe que los males hospitalarios vienen desde viejo.
 
Defienden a directora
La defensa que han hecho los dirigentes del Colegio Médico Dominicano, CMD, compañeros de trabajo del hospital Reid Cabral y familiares de los pacientes que son atendidos en ese hospital, a la directora saliente, Rosa Nieves tiene sentido por su nivel de apego a sus pacientes.
 
La doctora Nieves, que tiene la preparación, la honradez y las mejores condiciones humanas llegó al puesto, como se diría, por escalafón, ya que ha tenido largos años en el hospital infantil. Posiblemente tuvo que luchar con todo tipo de inconductas.
 
Sobre todo luchó al parecer con los intereses de negocios de suministros médicos, que bregan con todo tipo de insumos que significan al año millones de pesos. Allí se brega con empleados  nombrados por política, que beben, fuman y sustraen suministros hasta de limpieza, como en todos los centros.
 
Es muy difícil que no estén ocurriendo negligencia en los hospitales. Se agrava la situación si se toma en cuenta que el CMD seccional del Norte, denunció que no fueron once los niños fallecidos sino dieciocho. Se trata de infelices que no fueron propiamente atendidos.
 
Los médicos creen que en el caso particular del hospital Reid Cabral, muchos de los pacientes llegaron ya en trance de muerte desde clínicas privadas donde los mantuvieron durante varios días hasta que se agravaron y los refirieron irresponsablemente al hospital público de niños.
 
A la hora de repartir las culpas quizás habrá que comenzar con los padres, que llevan a sus hijos enfermos a último momento, antes de pasar por las manos de “curiosos” y del recetario del patio, mientras dedican más tiempo al juego y a las diversiones; no declaran a sus hijos ni reclaman las vacunas.
 
Los padres no son malos sino ignorantes porque no han sido educados. En Cuba los niños tienen que recibir sus vacunas, presentarse con sus padres a la escuela cuando cumplen seis años. Los ciudadanos son bien atendidos pese a la pobreza del país, Allá cada perro y cada gato tiene su veterinario.
 
CAMBIOS EN ESTRUCTURAS
El pasado viernes el presidente Medina emitió un decreto que ordena la desconcentración administrativa, funcional y territorial del viceministerio de atención a las personas y de los servicios regionales, dirigido por el doctor Nelson Rodríguez Monegro.
 
El presidente dispuso un cambio en la estructura vigente, y en la nueva, el viceministerio de atención a las personas y todas sus instancias organizativas correspondientes, que incluye la Dirección de Desarrollo y Fortalecimiento de los Servicios de Salud, que se llamará en lo adelante Dirección General de Coordinación de los Servicios Públicos en atención a la Salud (DGCSS).
 
Hasta ahí las cosas parecen comprensibles para los entendidos, pero hay un problema muy serio y es que los pacientes graves, que además consumen mucho y requieren demasiada atención, al final podrían morir. Como cínicos, se pensaría que mejor terminen sus días en un hospital público.
 
En el pasado hubo clínicas famosas de la capital que retenían a los pacientes hasta curarlos como los casos de los afamados médicos Záiter y Rodríguez Santos. Como muchos pacientes llegaban referidos desde hospitales públicos o simplemente por los familiares en estado catastrófico, le echaban la culpa a esos centros privados cuando morían.
 
El doctor Julio Hazim, con la sabiduría del médico y comunicador lo ilustraba bien recientemente al recordar una conversación que sostuvo con el doctor Záiter, cuya clínica daba buenos servicios y atenciones pero tenía muchas muertes porque los pacientes llegaban cuando los médicos tenían poca cosa qué hacer. Del doctor Záiter mi madre siempre me dijo que curó mi estómago de tercera clase.
 
Los dominicanos acomodados que fueron este año a pasar vacaciones en París, posiblemente oyeron decir que en los hospitales públicos de allí, famosos por sus atenciones e investigaciones, abundan los médicos de origen extranjero porque los franceses no quieren ir a esa ruidosa capital y dejar una vida placentera con sus familias en ciudades pequeñas o en la campiña donde pueden ejercer la profesión.
 
Hay que imaginarse a un médico dominicano bien graduado de una buena universidad a quien destinen a un pueblo distante y atrasado, en el cual los hospitales están pobremente equipados. Qué haría con un niño que reciba desde el monte en pésimo estado: referirlo al Robert Reid donde los pediatras y especialistas hacen de tripa corazón.

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