Lunes 21 de Agosto del 2017
Santo Domingo, República Dominicana
Ejemplo de tolerancia
El presidente de Haití, Michel Martelly, ha dado un ejemplo de tolerancia, dejando claro que es un hombre sin rencor político. Ha dicho el jefe de Estado, durante una visita a Madrid, España, que la presencia de Jean Claude Duvalier no le molesta en lo absoluto a su gobierno, y eso es bueno.
Para algunos, suponemos nosotros, el señor Martelly debió haber respondido con el similar encono a que nos tenía acostumbrado Jean Bertrand Aristide, el antiguo sacerdote que lanzaba rayos y centellas contra todo lo que era opuesto a su partido, la Familia Lavalás. Fue uno de los propulsores del llamado “suplicio del collar”.
He ahí la diferencia, parta sorpresa de muchos, entre este nuevo jefe de Estado haitiano, aunque sus adversarios y no adversarios mantienen un gran escepticismo sobre si llevaría por buena ruta al descalabrado país, el más pobre del hemisferio. Se está manejado, insisto para sorpresa de muchos, con mucha ecuanimidad.
Se puede decir, visto el asunto desde este lado de la Isla Hispaniola, que Martelly está dando un ejemplo de tolerancia, pero la prudencia con que se maneja cuando se refiere a la República Dominicana lo hace ver como si se trata de un veterano líder político, dando clases a quienes hicieron lo imposible para evitar su llegada al poder.
Parece que sus asesores les han advertido que este es país es el “paño de lágrima” de los haitianos, porque es hacia el Este que marchan para de alguna forma saciar su desgraciada existencia, aunque muchos núcleos de parte occidental no lo entienden. Por suerte este hombre llegó al poder con un discurso conciliador.
Eso no implica, obviamente, que en momento determinado no haya cometido él algún desaguisado o exabrupto, probablemente en algún escenario dominicano al que fuera llamado antes de las votaciones en que resultó electo. Y lo digo, viendo el asunto sin apasionamiento, que una cosa es guitarra y otra con violín.
No es lo mismo ser candidato que gobernante, y viceversa, básicamente si el que dirige los destinos de un país sabe que su vecino le sirve de soporte para amortiguar situaciones internas como las que se viven en el empobrecido Estado. Haitianos y dominicanos nos necesitamos unos a otros.
El caso es que la reacción de Martelly sobre la presencia de Duvalier allí es propia de un hombre maduro que en poco tiempo ha aprendido a manejarse como un político consumado y conciliador. Haití, vista así las cosas, necesita de actuaciones como la que acaba de exhibir su presidente en España.
Y de qué valdría, por ejemplo, que ahora se comience desde el gobierno una tenaz persecución contra el ex dictador, si se sabe que la vetusta e influyente familia de Duvalier mantiene una gran influencia sobre determinados sectores de la sociedad haitiana. Lo mejor es la conciliación para sacar al país hacia la ruta correcta.
“Por encima de todo (Duvalier) es haitiano”, dijo Martelly en Madrid, en una declaración a la prensa internacional al abandonar el Palacio de la Zarzuela, donde fue recibido en Audiencia Solemne por Su Majestad el Rey Juan Carlos I de Borbón.
Invocó Martelly que Carta Magna de país no prevé el exilio para ningún haitiano, y por eso él tampoco objeta la presencia en Puerto Príncipe, o probablemente en cualquier otro lugar del país del complicado ex sacerdote Aristide, quien retornó de Sudáfrica hace unos meses después de años de ausencia forzosa.-
 
papitolebron@yahoo.es
 

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